Trabajando en la tesina hay un paso que siempre me cuesta dar: dejar una frase tal cual está. Pocas son las que, miradas desde el punto que las sentencia, aparentan no ser demasiado ambiguas y menos las que no parecen afirmar algo que no estoy totalmente seguro de querer afirmar. Por el momento, sólo he encontrado un remedio, dejarlas pasar, abandonarlas a su suerte. No es fácil, pero es la única manera que he encontrado para no morir con ellas en la boca.
Para aplicar el método con mayor tesón, he leído con ojos de desescritor textos antiguos en los que estoy buscando ideas y datos que se me pueden estar pasando. Y vaya, en vez de encontrar frases que me gustaría desescribir, me encuentro frases que me piden ser reescritas. Esperando encontrar las mismas e insatisfactorias frases frutos de otros tiempos y otros abandonos, me encuentro con que ahora puedo ecribirlas mejor.